jueves, 8 de abril de 2010
sábado, 22 de agosto de 2009
Matrimoniadas
Un tipo va a un chiringuito de la playa y vuelve con dos helados, uno de fresa y uno de chocolate. A él le da igual un sabor que otro, pero sabe que a su mujer no le hace mucha gracia la fresa, así que al llegar a las toallas le da a su mujer el helado de chocolate. Los dos se besan, se comen el helado, se quieren y son felices.
Un par de horas más tarde ella se va también al chiringuito y vuelve con dos bebidas, una Mirinda y un Bitter Kas. A ella le da igual una que otro, pero sabe que su marido no soporta el bitter, así que al llegar a las toallas le ofrece a su marido el Bitter Kas, para ver qué dice, y si pone algún problema ya veremos, porque si él la quiere de verdad se sacrificará y se tomará el dichoso bitter sin rechistar. Por eso ella se sorprende, y se lo toma muy a mal, cuando él protesta y le dice que joder, ni que lo hicieras aposta, y hasta ahora me he callado, pero es que es el cuarto bitter que me traes esta semana, mujer -estamos a miércoles-. A pesar de todo él acaba cogiendo la botella y, aunque enfurruñado, bebe. No obstante, el daño ya está hecho: ella se sienta en su toalla entristecida, pensando que él no la ama lo bastante.
MORALEJA: mujeres del mundo, no pongáis a prueba a vuestros maridos continua y estérilmente. Y no cometáis el error de confundir el amor -incluso el GRAN amor- con el sufrimento, el sacrificio o hasta el pequeño emputecimiento cotidiano. Tenedlo siempre presente -oh maravillas y contradicciones de la condición humana-: alguien que gustosamente mataría o se dejaría matar por vosotras puede, sin embargo, no estar dispuesto a beber Bitter Kas cada día.
Un par de horas más tarde ella se va también al chiringuito y vuelve con dos bebidas, una Mirinda y un Bitter Kas. A ella le da igual una que otro, pero sabe que su marido no soporta el bitter, así que al llegar a las toallas le ofrece a su marido el Bitter Kas, para ver qué dice, y si pone algún problema ya veremos, porque si él la quiere de verdad se sacrificará y se tomará el dichoso bitter sin rechistar. Por eso ella se sorprende, y se lo toma muy a mal, cuando él protesta y le dice que joder, ni que lo hicieras aposta, y hasta ahora me he callado, pero es que es el cuarto bitter que me traes esta semana, mujer -estamos a miércoles-. A pesar de todo él acaba cogiendo la botella y, aunque enfurruñado, bebe. No obstante, el daño ya está hecho: ella se sienta en su toalla entristecida, pensando que él no la ama lo bastante.
MORALEJA: mujeres del mundo, no pongáis a prueba a vuestros maridos continua y estérilmente. Y no cometáis el error de confundir el amor -incluso el GRAN amor- con el sufrimento, el sacrificio o hasta el pequeño emputecimiento cotidiano. Tenedlo siempre presente -oh maravillas y contradicciones de la condición humana-: alguien que gustosamente mataría o se dejaría matar por vosotras puede, sin embargo, no estar dispuesto a beber Bitter Kas cada día.
jueves, 16 de julio de 2009
Lectura recomendada: "Rompepistas" (Kiko Amat)
Hallábame yo una vez, en una tienda de chorradas en Dublín, olfateando por curiosidad un montón de velas de distintos aromas cuando vi una que me llamó la atención: "Verano", decía la etiqueta. ¿Verano?¿Una vela que huele a verano? Con el natural escepticismo, arrimé la trompa al artefacto de marras y… maldita sea, aquello olía a verano. Y no a un verano cualquiera, no: concretamente, a mis veranos de infancia en las costas de Levante. Ingredientes, entre otros: arena de playa recalentada al sol, bronceador barato, mar y brea, Vespinos quemando gasolina en el paseo marítimo. A todo eso olía la dichosa vela y, claro, menudo trip, damas y caballeros: hace un segundo estábamos en Dublín en el año 2000 y de golpe, shazam, estamos en Cullera en el verano de 1986. Ríanse ustedes de las drogas psicodélicas.
Y ahora es cuando dirán ustedes que qué tendrá que ver lo de más arriba con "Rompepistas" (Anagrama, 2009), el nuevo y (se lo adelanto ya) magnífico libro de Kiko Amat; e incluso me reprocharán el intentar tratar sobre una obra ajena hablando de mí mismo en primer lugar. Paciencia, que yo se lo explico. Todo esto viene a cuento por dos cosas:
Primero, que como sabe cualquiera a poco que le haya leído, el señor Amat es también muy dado a hablar de sí mismo en todos sus textos. Escriba lo que escriba, Kiko -le vamos a tutear, mira- siempre está allí, presente. Pero, albricias, aquí el escritor no se impone a sus personajes, que hablan, se mueven y respiran solitos; viven, joder, delante de nuestras narices y como por arte de magia. O dicho de otro modo: que parte de la vida de Kiko está en estas páginas, me juego una Mahou contra dos Xibecas a que no merece la pena ni discutirlo. Y sin embargo, cuando he leído "Rompepistas" no he oído a Kiko Amat, sino a Rompepistas, y a Carnaval, y a Clareana, y al Chopped... No se vayan a creer, por tanto, que esto es casualidad ni mucho menos, de hecho es causa-efecto en estado puro: esta ficción está tan viva porque mama de la vida misma.
Segundo, porque exactamente ese es el efecto máquina-del-tiempo que ha tenido en mí "Rompepistas" durante todo el tiempo que he invertido en su lectura (tiempo, por otra parte, asombrosamente corto porque esto, oh lector, es material altamente adictivo): me ha devuelto a mis propios diecisiete años, a mis amigos y novieta de entonces, a mi rabia contra todo lo que se movía, a mis propias ansias de escapar… Vaya, que no sé si se dan cuenta, pero es que me lo he tomado todo por el lado personal. Y es que no puedo ser objetivo, porque este libro trata sobre mí. Bueno, y sobre todo aquél que haya tenido diecisiete años y experimentado a la vez un ansia grande de pertenecer a algo y una dolorosa conciencia de no encajar. Y si además en aquélla época de sus vidas escuchaban a The Clash, Sex Pistols, etcétera, entonces ya apaga y vámonos. Este es su libro.
Ah, que ustedes no… Pues, ¿qué coño de pubertad han tenido? Vale, visto que son ustedes un público difícil, vamos a tirar de argumentario: me encanta este libro porque está escrito con gracia+salero, con ritmo implacable y coña marinera, con voces de verdad, con olores, colores y texturas reales. Porque la prosa de Kiko es imperfecta pero se disfruta con tropezones incluidos, igualito que una canción punk-rock. Qué coño: se disfruta más así, con grumitos (el punk-rock y el Cola-Cao son así, qué quieren). Porque esto es como "El guardián entre el centeno" pero en Sant Boi, o como S.E. Hinton pero en más cercano y –ojito- mejor. (No me escuchen si no quieren, que yo así, con el calentón, puedo llegar a decir muchas tonterías.) Y porque si yo tuviera un tantito así de mano en el Ministerio correspondiente, este libro sería de lectura obligatoria para todos los estudiantes en sus años de acné-y-calimocho. ¿Que por qué? Pues por la misma razón por la que, y este ya es mi argumento definitivo, el día que mi propio vástago llegue a esa edad fatídica, le daré este libro diciéndole: "Mira, hijo, si quieres comprender mejor, lee esto." Y claro, no me hará ni puto caso. Como está mandado.
(Reseña originalmente publicada en el n° 5 de la revista "Plástica", www.revistaplastica.es)
Y ahora es cuando dirán ustedes que qué tendrá que ver lo de más arriba con "Rompepistas" (Anagrama, 2009), el nuevo y (se lo adelanto ya) magnífico libro de Kiko Amat; e incluso me reprocharán el intentar tratar sobre una obra ajena hablando de mí mismo en primer lugar. Paciencia, que yo se lo explico. Todo esto viene a cuento por dos cosas:
Primero, que como sabe cualquiera a poco que le haya leído, el señor Amat es también muy dado a hablar de sí mismo en todos sus textos. Escriba lo que escriba, Kiko -le vamos a tutear, mira- siempre está allí, presente. Pero, albricias, aquí el escritor no se impone a sus personajes, que hablan, se mueven y respiran solitos; viven, joder, delante de nuestras narices y como por arte de magia. O dicho de otro modo: que parte de la vida de Kiko está en estas páginas, me juego una Mahou contra dos Xibecas a que no merece la pena ni discutirlo. Y sin embargo, cuando he leído "Rompepistas" no he oído a Kiko Amat, sino a Rompepistas, y a Carnaval, y a Clareana, y al Chopped... No se vayan a creer, por tanto, que esto es casualidad ni mucho menos, de hecho es causa-efecto en estado puro: esta ficción está tan viva porque mama de la vida misma.
Segundo, porque exactamente ese es el efecto máquina-del-tiempo que ha tenido en mí "Rompepistas" durante todo el tiempo que he invertido en su lectura (tiempo, por otra parte, asombrosamente corto porque esto, oh lector, es material altamente adictivo): me ha devuelto a mis propios diecisiete años, a mis amigos y novieta de entonces, a mi rabia contra todo lo que se movía, a mis propias ansias de escapar… Vaya, que no sé si se dan cuenta, pero es que me lo he tomado todo por el lado personal. Y es que no puedo ser objetivo, porque este libro trata sobre mí. Bueno, y sobre todo aquél que haya tenido diecisiete años y experimentado a la vez un ansia grande de pertenecer a algo y una dolorosa conciencia de no encajar. Y si además en aquélla época de sus vidas escuchaban a The Clash, Sex Pistols, etcétera, entonces ya apaga y vámonos. Este es su libro.
Ah, que ustedes no… Pues, ¿qué coño de pubertad han tenido? Vale, visto que son ustedes un público difícil, vamos a tirar de argumentario: me encanta este libro porque está escrito con gracia+salero, con ritmo implacable y coña marinera, con voces de verdad, con olores, colores y texturas reales. Porque la prosa de Kiko es imperfecta pero se disfruta con tropezones incluidos, igualito que una canción punk-rock. Qué coño: se disfruta más así, con grumitos (el punk-rock y el Cola-Cao son así, qué quieren). Porque esto es como "El guardián entre el centeno" pero en Sant Boi, o como S.E. Hinton pero en más cercano y –ojito- mejor. (No me escuchen si no quieren, que yo así, con el calentón, puedo llegar a decir muchas tonterías.) Y porque si yo tuviera un tantito así de mano en el Ministerio correspondiente, este libro sería de lectura obligatoria para todos los estudiantes en sus años de acné-y-calimocho. ¿Que por qué? Pues por la misma razón por la que, y este ya es mi argumento definitivo, el día que mi propio vástago llegue a esa edad fatídica, le daré este libro diciéndole: "Mira, hijo, si quieres comprender mejor, lee esto." Y claro, no me hará ni puto caso. Como está mandado.
(Reseña originalmente publicada en el n° 5 de la revista "Plástica", www.revistaplastica.es)
domingo, 1 de febrero de 2009
Cosas que me gustaría escuchar (1)
1. Una versión de "No More I Love You´s" (Annie Lennox) interpretada por The Shins.
2. Una versión de "Little 15" (Depeche Mode) interpretada por Tindersticks.
3. Una versión de "Papa Was A Rodeo" (The Magnetic Fields) interpretada por R.E.M. y con coros de Kristin Hersh (hombre, ya puestos a pedir...).
4. Una versión de "Busby Berkeley Dreams" (The Magnetic Fields) interpretada por Rufus Wainwright. No, espera, mejor por Elvis Costello. No, espera, por, mmm... Sí, por Rufus Wainwright.
(AVISO A NAVEGANTES ENTERADILLOS: Ya, ya sé que "No More I Love You´s" NO es de Annie Lennox, sino que ella también hizo una versión. TODOS lo sabemos, de hecho, así que no se hagan los listos, que está muy feo.)
2. Una versión de "Little 15" (Depeche Mode) interpretada por Tindersticks.
3. Una versión de "Papa Was A Rodeo" (The Magnetic Fields) interpretada por R.E.M. y con coros de Kristin Hersh (hombre, ya puestos a pedir...).
4. Una versión de "Busby Berkeley Dreams" (The Magnetic Fields) interpretada por Rufus Wainwright. No, espera, mejor por Elvis Costello. No, espera, por, mmm... Sí, por Rufus Wainwright.
(AVISO A NAVEGANTES ENTERADILLOS: Ya, ya sé que "No More I Love You´s" NO es de Annie Lennox, sino que ella también hizo una versión. TODOS lo sabemos, de hecho, así que no se hagan los listos, que está muy feo.)
lunes, 15 de diciembre de 2008
Te jodes
"Así fue cómo los persas conquistaron Sardes y cogieron vivo a Creso [el rey de los lidios] (...) Los persas, pues, le cogieron y lo condujeron delante de Ciro [el rey de los persas] (...) Ciro mandó desatarle, le acomodó a su vera y le trataba con admirada consideración. (...) Sin embargo, Creso permanecía inmóvil y absorto. Al cabo se volvió, y al ver a los persas que saqueaban la ciudad de los lidios, le habló así: `Rey, ¿quizás debo decirte lo que me viene a la mente, o de momento debo callarlo?´ Ciro le animó y le hizo declarar lo que él quería. Creso, pues, habló y dijo: `Esta gran muchedumbre, ¿qué es lo que hace con tanto interés?´ Respondióle Ciro: `Saquean tu ciudad y se llevan tus tesoros.´ Y Creso comentó: `No saquean mi ciudad ni mis tesoros, puesto que ya no me pertenece nada de ello; lo que cogen y se llevan te pertenece a tí.´"
Heródoto, Historia
Heródoto, Historia
sábado, 25 de octubre de 2008
La guerra al estilo de Gila
"- ¡Vaya soldado! ¡Tiene miedo de que disparen contra él! Esto es precisamente lo que todo soldado debe desear, que disparen contra él; cuanto más a menudo lo haga el enemigo tanto más disminuyen sus municiones. Eso debe saberlo todo soldado. Con cada disparo que te lanza un enemigo disminuye su fuerza combativa. Él se alegra de poder disparar contra tí porque así al menos no ha de ir cargado con los cartuchos y puede correr con mayor facilidad."
Jaroslav Hasek, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
Jaroslav Hasek, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
miércoles, 1 de octubre de 2008
Manicomio (o "Todas las comparaciones son odiosas, pero algunas son más divertidas que otras")
"...cuando Schwejk describió su vida en el manicomio lo hizo con increíbles alabanzas:
-La verdad es que no sé por qué los locos se enfadan cuando los encierran. Allí uno puede arrastrarse desnudo sobre la hierba, aullar como un chacal, bramar y morder. Si uno quisiera hacer eso en cualquier otra parte la gente se extrañaría, pero allí es algo natural. Allí hay una libertad como ni siquiera los socialistas han podido soñar. (...) Todos podían decir lo que querían y lo que se les ocurría, como si estuvieran en el parlamento."
Jaroslav Hasek, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
-La verdad es que no sé por qué los locos se enfadan cuando los encierran. Allí uno puede arrastrarse desnudo sobre la hierba, aullar como un chacal, bramar y morder. Si uno quisiera hacer eso en cualquier otra parte la gente se extrañaría, pero allí es algo natural. Allí hay una libertad como ni siquiera los socialistas han podido soñar. (...) Todos podían decir lo que querían y lo que se les ocurría, como si estuvieran en el parlamento."
Jaroslav Hasek, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
jueves, 25 de septiembre de 2008
Mundo al revés (o "Todo es relativo")
"Había una vez unos insectos muy pequeños que subían hasta lo alto de unos arbustos. Uno de ellos dijo a los demás: `Ved ese tigre tendido cerca de nosotros; es el más bondadoso de los animales, jamás nos hace daño. El cordero, en cambio, es un animal feroz. Si viniese uno ahora nos devoraría con la hierba que nos sirve de asilo. Pero el tigre es justo; él nos vengaría´."
Jan Potocki, Manuscrito encontrado en Zaragoza
Jan Potocki, Manuscrito encontrado en Zaragoza
jueves, 18 de septiembre de 2008
Abrazos sinceros
"She pulled me against her and kissed me, then held me an extra second to show that her embrace was sincere, not just like everyone else's, never having realized that everyone else does the same thing."
Tobias Wolff, The Liar
Tobias Wolff, The Liar
domingo, 13 de julio de 2008
Con las manos en la masa
¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Eo? ¡Ah, sí, ahí está! ¡Quieto! ¡No se mueva de ahí, erm, pillastre, que le quiero dar las gracias! Sí, sí, es a usted, querido lector, a usted, que a pesar de lo muy descuidado que le tiene últimamente quien esto suscribe, no pierde la esperanza y de cuando en cuando se sigue dejando caer por este blog para ver si se nos ha ocurrido algo nuevo. Y bendita paciencia la suya, ¿eh? Un mes y medio larguito llevábamos sin publicar nada, hay que jo#&@se. Pero todo tiene una explicación, y yo se la voy a ofrecer. Resulta que hace muy poco tiempo -unos dos meses- que estoy en un nuevo trabajo, y... Bueno, supongo que todos ustedes han tenido en alguna ocasión un "nuevo" trabajo, con lo cual no tengo nada que explicarles sobre lo estresantes que son estas situaciones ya de por sí. Pero de verdad que, a mí, esto me está matando, porque ya no son sólo las horas que uno pasa en la oficina, sino el desgaste mental al que me encuentro sometido: pienso constantemente en el trabajo. Sueño con el trabajo todas las noches, maldita sea. Y claro, entenderán que uno no tiene la cabeza para nada últimamente. Pero no se preocupen: esto pasará, pasará, los signos ya están en el horizonte y yo confío en que de aquí a poco todo volverá a la normalidad, y volveremos a escribir con la -muy relativa- asiduidad que nos caracteriza. Y de verdad que espero que sea pronto, porque no sólo estoy en deuda con ustedes: hace unos dos meses que les debo un artículo a los señores de http://www.lafonoteca.net/, del que todavía no han visto una sola palabra, recibiendo tan sólo un puñado de vagas promesas por mi parte.... Si estáis leyendo esto, no os preocupéis: el artículo llegará. Más tarde que temprano, pero llegará.
Pues nada, como les decía, los síntomas de que la presión empieza a aflojar están ahí, y de hecho este es el primer domingo en mucho tiempo en el que me siento relajado, tranquilo, con ganas de hacer cosas. Así que esta mañana, cuando me he despertado -temprano para tratarse de un domingo y más teniendo en cuenta que anoche me acosté con un par de caipirinhas de sobra-, me he dicho: ¿qué hacer? ¿Escribir el artículo del que les hablaba más arriba? ¿Darme un paseo? ¿Acercarme a alguno de los museos que aún no he visitado en este ciudad de Ginebra en la que hace ya nueve meses que vivo -cómo pasa el tiempo-? ¿Coger, incluso, el tren y acercarme a Martigny para ver la muy prometedora exposición de Balthus en la fundación Pierre Gianadda? Nada de todo eso, señoras y señores: ¿quieren saber lo que he hecho? Pues me he dado el GUSTAZO de pasarme toda la mañana, con toooda la parsimonia y el cariño del mundo, COCINANDO: primero he hecho una estupenda salsita de tomate casera. Después he confeccionado una enorme tortilla de patata que me reservo para zampárnosla esta noche, Bonnie y yo, cuando ella regrese al hogar después de sus muy merecidas vacaciones, las mismas que yo no he podido tomarme -por cierto, resulta que en francés, me informan mis compañeros de trabajo, no hay expresión equivalente a "quedarse de Rodríguez"-. Y por último, mientras escribo estas líneas está empezando a hervir el agua que he puesto al fuego para, aprovechando que ya tenía tomate frito, hacerme unos riquísimos macarrones Tío Pedro para comer. Y en esto -y en poner unas cuantas lavadoras- se me ha ido la mañana tan ricamente, oigan.
Así que lo dicho: dentro de poco, espero que más. De momento, se acerca la hora de la pitanza y yo me levanto de esta silla para echar la pasta a la olla. Muy buen provecho a todos ustedes.
Pues nada, como les decía, los síntomas de que la presión empieza a aflojar están ahí, y de hecho este es el primer domingo en mucho tiempo en el que me siento relajado, tranquilo, con ganas de hacer cosas. Así que esta mañana, cuando me he despertado -temprano para tratarse de un domingo y más teniendo en cuenta que anoche me acosté con un par de caipirinhas de sobra-, me he dicho: ¿qué hacer? ¿Escribir el artículo del que les hablaba más arriba? ¿Darme un paseo? ¿Acercarme a alguno de los museos que aún no he visitado en este ciudad de Ginebra en la que hace ya nueve meses que vivo -cómo pasa el tiempo-? ¿Coger, incluso, el tren y acercarme a Martigny para ver la muy prometedora exposición de Balthus en la fundación Pierre Gianadda? Nada de todo eso, señoras y señores: ¿quieren saber lo que he hecho? Pues me he dado el GUSTAZO de pasarme toda la mañana, con toooda la parsimonia y el cariño del mundo, COCINANDO: primero he hecho una estupenda salsita de tomate casera. Después he confeccionado una enorme tortilla de patata que me reservo para zampárnosla esta noche, Bonnie y yo, cuando ella regrese al hogar después de sus muy merecidas vacaciones, las mismas que yo no he podido tomarme -por cierto, resulta que en francés, me informan mis compañeros de trabajo, no hay expresión equivalente a "quedarse de Rodríguez"-. Y por último, mientras escribo estas líneas está empezando a hervir el agua que he puesto al fuego para, aprovechando que ya tenía tomate frito, hacerme unos riquísimos macarrones Tío Pedro para comer. Y en esto -y en poner unas cuantas lavadoras- se me ha ido la mañana tan ricamente, oigan.
Así que lo dicho: dentro de poco, espero que más. De momento, se acerca la hora de la pitanza y yo me levanto de esta silla para echar la pasta a la olla. Muy buen provecho a todos ustedes.
domingo, 25 de mayo de 2008
Bailarina, karateka y domadora de delfines
Ésa, oh lectores míos, ésa y no otra fue la respuesta que el otro día oí dar a una niña pequeñaja en uno de esos programas de televisión en los que nos muestran a tiernos infantes haciendo y diciendo monadas (para que nosotros a nuestra vez digamos "oooh, qué monada", claro) a la pregunta: "Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?". Pásmense, qué precisión. Bailarina, karateka y domadora de delfines. Nada menos. Pero les juro que lo mejor de todo (ojalá ustedes también la hubieran visto) fue el aplomo, la seguridad con que lo dijo, lo claro que esa mocosa tenía lo que quería.
Mi primera reacción, claro está, fue partirme el pecho a carcajadas. Luego, cuando lo pensé un poco más, ya me pudo la ternura (ya saben, el efecto "oooh, qué monada"). Y por último, pensándolo aún más todavía, me decidí a compartir la frase con todos ustedes, porque se me ocurrió que sería el título perfecto para una bonita canción. Así que ahí lo tienen: a ver si alguno de ustedes se anima a componerla. (¡Recojan el guante, voto a tal!)
Mi primera reacción, claro está, fue partirme el pecho a carcajadas. Luego, cuando lo pensé un poco más, ya me pudo la ternura (ya saben, el efecto "oooh, qué monada"). Y por último, pensándolo aún más todavía, me decidí a compartir la frase con todos ustedes, porque se me ocurrió que sería el título perfecto para una bonita canción. Así que ahí lo tienen: a ver si alguno de ustedes se anima a componerla. (¡Recojan el guante, voto a tal!)
martes, 13 de mayo de 2008
Hacha pequeña
Si han leído la entrada anterior, sólo añadiré que luego, para compensar tanto sentimentalismo mañanero, me he animado escuchando la versión de "Small Axe" que hacían Bob Marley & The Wailers. ¿Qué digo "animado"? Me he ENARDECIDO, como siempre me pasa cuando escucho estos versos:
If you are a big, big tree
We are a small axe
Sharp and ready,
Ready to cut you down.
...O "somos canijos e insignificantes, sí, pero no se confunda, amigo: a mala hostia, podemos con TODO". ¡¡¡Sí señor!!!
(Y así transcurren mis viajes en autobús, señores, en un continuo vaivén emocional. ¿Padeceré de eso que llaman "trastorno bipolar" o, no más preocupante pero sí más grave y de peor curación, de eso que llaman "melomanía"?)
If you are a big, big tree
We are a small axe
Sharp and ready,
Ready to cut you down.
...O "somos canijos e insignificantes, sí, pero no se confunda, amigo: a mala hostia, podemos con TODO". ¡¡¡Sí señor!!!
(Y así transcurren mis viajes en autobús, señores, en un continuo vaivén emocional. ¿Padeceré de eso que llaman "trastorno bipolar" o, no más preocupante pero sí más grave y de peor curación, de eso que llaman "melomanía"?)
Canción del día: "Galileo (Someone Like You)" (Declan O´Rourke)
Hoy mi día ha empezado así: en el autobús de camino al trabajo iba escuchando el CD recopilatorio "The Changing Man", que acompaña al último número de la siempre recomendabilísima revista musical MOJO, y la verdad es que no me estaba gustando demasiado la selección, exigente (o gilipollas, según se mire, porque mira que ponerle pegas a un CD con canciones de Bob Marley, Dinah Washington, The Staple Singers, etcétera, encima de que te lo dan por la patilla) que es uno... Y en éstas que suenan unos trémolos de cuerda acompañando a unas notas de guitarra punteadas con delicadeza, y éstas a su vez a una voz de hombre que, con toda la ternura que quepa imaginarse, me canta al oído la letra más preciosa que he escuchado en mucho tiempo:
Galileo fell in love as a Galilean boy
And he wondered what in heaven
Who invented such a joy
But the question got the better of his scientific mind
And to his blind and dying days
He looked up high and often sighed
And sometimes cried,
"Who puts the rainbow in the sky?
Who lights the stars at night?
Who dreamt up someone so divine,
Someone like you and made them mine?"
Love can make you ask some funny questions now and then,
But just remember the alternatives
For I remember when
I was lonely and unhappy, and my lips were cold as ice,
But you kissed me and, good heavens,
Now I'm here in paradise
So if ever I'm not kissing you or looking in your eyes
I won't be blind, and I won't cry,
I'll look up high and gladly sigh
And thank the guy
Who puts the rainbow in the sky,
Who lights the stars at night,
Who dreamt up someone so divine,
Someone like you and made them mine,
Someone like you and made them mine
Y me pregunto quién es este Declan O´Rourke, y por qué nunca había oído antes a este señor que canta, no como los ángeles, sino como los hombres enamorados, y me digo que tengo que investigar más a fondo, y repito la canción una y otra vez en mi iPod, hasta cinco veces seguidas, y me cuesta mucho trabajo que no se me escapen los lagrimones en público -por favor, no, otra vez no- y ahora, ya de noche, les tecleo estas palabras para que ustedes no dejen de escucharlo mientras yo lo vuelvo a oír: ¿quién ha imaginado a alguien como tú y lo ha puesto a mi lado?
Galileo fell in love as a Galilean boy
And he wondered what in heaven
Who invented such a joy
But the question got the better of his scientific mind
And to his blind and dying days
He looked up high and often sighed
And sometimes cried,
"Who puts the rainbow in the sky?
Who lights the stars at night?
Who dreamt up someone so divine,
Someone like you and made them mine?"
Love can make you ask some funny questions now and then,
But just remember the alternatives
For I remember when
I was lonely and unhappy, and my lips were cold as ice,
But you kissed me and, good heavens,
Now I'm here in paradise
So if ever I'm not kissing you or looking in your eyes
I won't be blind, and I won't cry,
I'll look up high and gladly sigh
And thank the guy
Who puts the rainbow in the sky,
Who lights the stars at night,
Who dreamt up someone so divine,
Someone like you and made them mine,
Someone like you and made them mine
Y me pregunto quién es este Declan O´Rourke, y por qué nunca había oído antes a este señor que canta, no como los ángeles, sino como los hombres enamorados, y me digo que tengo que investigar más a fondo, y repito la canción una y otra vez en mi iPod, hasta cinco veces seguidas, y me cuesta mucho trabajo que no se me escapen los lagrimones en público -por favor, no, otra vez no- y ahora, ya de noche, les tecleo estas palabras para que ustedes no dejen de escucharlo mientras yo lo vuelvo a oír: ¿quién ha imaginado a alguien como tú y lo ha puesto a mi lado?
jueves, 1 de mayo de 2008
Cantautores
Segundo post en el día de hoy (y eso que es festivo), pero es que acabo de ver por Internet el "Muchachada Nui" de ayer (vivir en el exilio es lo que tiene) y me he pegado una pechada de reír con Joaquín Reyes y su parodia de Rosa León, de la que rescato una frase que es una verdad como un puño: "Lo notáis, ¿no? ¿Notáis el bajón? Imprescindible en las canciones de autor: el bajón instantáneo." Difícil, dificilísima post-adolescencia y primera juventud la que tuvimos los de mi generación, cuando (a mediados de los noventa) habían tan poca opciones en el menú sonoro si uno se quería salir del rebaño: grunge o brit-pop (¿se acuerdan?, así hemos salido, claro) si eras "alternativo", o, MUCHO PEOR todavía, CANTAUTORES si eras hippie (¡Dios nos libre!). Y uno, que gusta de cultivar amistades en todos los caminos de la vida, ha tenido que pasar por esos azares de Dios muchas tardes/noches de su juventud en el café Libertad 8 de Madrid ("¿Seiscientas pesetas por un café? Pero, ¡es más caro que la heroína!") y abrevaderos similares. Qué escalofríos me entran al recordarlo... Qué bajón, en definitiva.
Se aclara que la ecuación automática cantautor=bajonazo sólo se aplica al cantautor en lengua española (ya sea ibero o sudamericano) y con la gloriosa excepción de don Joan Manuel Serrat. En lenguas bárbaras tenemos a Jacques Brel, Cat Stevens, Nick Drake, Ron Sexsmith... y todos ellos nos encantan incluso aunque sean tristes. Entristecen, pero no dan bajón, que no es lo mismo. ¿Cómo? Sí, me explico: Nick Drake te hace saltar las lágrimas cada vez que lo escuchas, pero no te aburre. Aclarado, hala.
Se aclara que la ecuación automática cantautor=bajonazo sólo se aplica al cantautor en lengua española (ya sea ibero o sudamericano) y con la gloriosa excepción de don Joan Manuel Serrat. En lenguas bárbaras tenemos a Jacques Brel, Cat Stevens, Nick Drake, Ron Sexsmith... y todos ellos nos encantan incluso aunque sean tristes. Entristecen, pero no dan bajón, que no es lo mismo. ¿Cómo? Sí, me explico: Nick Drake te hace saltar las lágrimas cada vez que lo escuchas, pero no te aburre. Aclarado, hala.
Jazz
Hoy sólo quería compartir con ustedes una frase que he oído hace poco y que me ha hecho muchísima gracia, atribuida al humorista (y crítico de jazz) Miles Kington, recientemente fallecido. "Why do people in the jungle look so frightened when the drums are beating?", dijo el señor Kington, evocando imágenes de selvas exóticas, terrores primigenios, peligros inminentes. "Because, when the drums stop, it means a bass solo." Quien (como el que suscribe) haya tenido el infortunio de acudir a según qué conciertos o de trabar relación con algún bajista con veleidades jazzísticas, sabe perfectamente a qué nos referimos. Fuera sombreros en honor al señor Kington.
viernes, 25 de abril de 2008
It´s all just a little bit of history repeating...
Me ha vuelto a pasar. Sí, otra vez. Ya les dije que no era nada nuevo para mí, que ya me había sucedido en más de una ocasión, pero es que desde que estoy aquí, el incidente se repite con más frecuencia que nunca, y con más virulencia: me han vuelto a confundir con Moby, señoras y caballeros. Pinten la escena: ayer, jueves 24 de Abril de 2008, vuelvo a mi casa dando un paseo, y mientras atravieso el Bourg de Four (la plaza más bonita de toda Ginebra), una chica inglesa sentada en una terracita me hace desesperados aspavientos con los brazos mientras me chilla: "Hello! Hiii! I LOVE your music!". Claro, a mí me entra la risa y le digo: "It´s not the first time they tell me, you know". En cuyo momento, para gran cachondeo de sus amigos, la chavala se empieza a dar cuenta de que (quizá) ha metido la pata y, algo incrédula aún, me suelta: "Wait a minute... It´s not you, is it?". Y claro, cómo le voy a explicar, si es que es muy complicado, que sí, que soy yo, que claro que soy yo, sólo que resulta que yo no soy quien ella había creído... Vamos, un lío, celebrado con grandes risotadas, ya les digo, por los compadres de la muchacha.
Lo que más me preocupa de todo esto es que yo tengo 33 años y Moby, 42. Y si me confunden con tanta frecuencia... una de dos, o él está estupendo para su edad, o yo estoy hecho una mierda, y francamente prefiero pensar lo primero.
¡Y siguen sin invitarme a cerveza a costa del equívoco, maldita sea mi estampa!
Lo que más me preocupa de todo esto es que yo tengo 33 años y Moby, 42. Y si me confunden con tanta frecuencia... una de dos, o él está estupendo para su edad, o yo estoy hecho una mierda, y francamente prefiero pensar lo primero.
¡Y siguen sin invitarme a cerveza a costa del equívoco, maldita sea mi estampa!
domingo, 20 de abril de 2008
Admiración: Drew Struzan
Desde siempre he sido ultra-fan de un cierto tipo de cartelería cinematográfica norteamericana de los años 80: esa anterior al Photoshop, y ajena incluso a la fotografía, en la que los artistas, a golpe de acuarela y/o aerógrafo, conseguían resultados hiperrealistas en los que, sin embargo, se mejoraba el aspecto de la propia realidad. Así, los rostros de los actores que aparecían en aquéllas películas se nos aparecían no como los de seres humanos normales y corrientes, sino como los de auténticos héroes que lograban hacernos soñar por una hora y media que sus peripecias eran posibles en otro mundo tan real como este mismo, pero mucho mejor. Eran carteles que despertaban en uno el deseo irrefrenable de ver la película que promocionaban, porque prometían aventuras que uno no podía ni imaginar, efectos especiales nunca vistos, universos fantásticos, escalofríos que recorrían el cuerpo, emociones sin fin, thrills & chills. Eran carteles que te hacían soñar con la película e imaginar cómo iba a ser incluso mucho antes de verla. Eran carteles que por sí mismos contaban una historia. Y encima, lo mejor de todo es que cuando uno POR FIN veía la peli, luego resultaba que aquéllos carteles habían sido completamente fieles al espíritu del filme (aunque en ocasiones resultaba que el cartel era mucho mejor que la peli en sí). Sí, hombre, ya saben a qué tipo de carteles me refiero: piensen en los afiches clásicos de “Regreso al futuro” o “Blade Runner”, o en los de las sagas de “Star Wars” e “Indiana Jones”. Uno se quita el sombrero ante aquéllos artistas que creaban tamañas obras de arte en formato A1 para alucine del gran público.
Bueno, pues como tuvo que oír Pedro Navaja en el momento de su agonía, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida: resulta que el otro día me he enterado por pura casualidad de que todos aquéllos carteles, cuya autoría yo atribuía a una cierta “escuela” de artistas o diseñadores gráficos que vendían su talento a los estudios de Hollywood, salieron, TODOS ellos, de una sola mano: la de un señor llamado Drew Struzan, que de inmediato adquiere a nuestros ojos la talla de un coloso. Si quieren refrescarse la memoria, aquí podrán encontrar unos cuantos (pocos, ay) de sus trabajos:
www.drewstruzan.com/portfolio/
Y después de haberlos contemplado y haber vuelto a sus infancias durante un rato, únanse conmigo en un hermoso acto de agradecimiento colectivo al señor Struzan por las horas de solaz que su arte nos ha procurado en nuestras vidas y repitan: te queremos, Drew. Eres muy grande.
Bueno, pues como tuvo que oír Pedro Navaja en el momento de su agonía, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida: resulta que el otro día me he enterado por pura casualidad de que todos aquéllos carteles, cuya autoría yo atribuía a una cierta “escuela” de artistas o diseñadores gráficos que vendían su talento a los estudios de Hollywood, salieron, TODOS ellos, de una sola mano: la de un señor llamado Drew Struzan, que de inmediato adquiere a nuestros ojos la talla de un coloso. Si quieren refrescarse la memoria, aquí podrán encontrar unos cuantos (pocos, ay) de sus trabajos:
www.drewstruzan.com/portfolio/
Y después de haberlos contemplado y haber vuelto a sus infancias durante un rato, únanse conmigo en un hermoso acto de agradecimiento colectivo al señor Struzan por las horas de solaz que su arte nos ha procurado en nuestras vidas y repitan: te queremos, Drew. Eres muy grande.
lunes, 7 de abril de 2008
Estoy enamorado de Bill Murray
Hoy, queridísimos lectores de mis entretelas, he de hacerles una confesión de las gordas, y no, no se trata de algo simplemente vergonzantillo del tipo "me como los mocos" (¿quién no lo ha hecho alguna vez?, están saladitos), "me gusta tirarme pedos en la cama y a continuación meter la cabeza debajo de las sábanas para fumármelos bien fumados" (vengaaa... que seguro que ustedes también lo han hecho), "disfruto torturando gatitos" (erm, vaya, nos ha salido rarito el chaval, pero en fin) o "una vez, como no tenían en mi kiosko El País ni ningún otro periódico, me compré La Razón" (¿¡qué!? ¿¡Cómo!? ¡Degenerado! ¿A quién habrá salido este niño?). No, nada de eso, lectores míos, es mucho más gordo. Hoy, y en exclusiva para todos ustedes, voy a salir del armario. Sí, sí, como lo oyen. Porque prefiero que lo sepan por mí antes de que se lo cuenten por ahí.
Estoy enamorado de un hombre. Que sí, de verdad. De un hombre. Y de un hombre mucho mayor que yo, para más escándalo. Encima, él es extranjero. Mira que hay hombres en el mundo, ¿eh? Pues yo me tuve que enamorar de un yanqui. Y claro, drama tocan: ¿ustedes creen que así se puede? ¿Él allí, al otro lado del Atlántico, y yo aquí? Bueno, da igual, incluso aunque viviéramos puerta con puerta, no creo que él se apercibiera de mi existencia, siendo como es una gran estrella de cine y yo un simple... un simple... vamos, que a veces en mi casa se han olvidado de mi cumpleaños, para que se hagan una idea de mi insignificancia. Y a alguien como yo se le ocurre encapricharse de todo un coloso del séptimo arte, pero es que es tan guapo... tan majo... tan talentoso... ¡Bill! ¿Me oyes? ¡Bill! ¡Te amo!
(Sí, se llama Bill. Bill Murray. Y hombre, no se hagan ahora los sorprendidos, en plan "¡Oh!", que ya se lo tenía dicho desde el título. Qué afición, por Dios santo. Ni las cabeceras me leen.)
La cosa es que ya le conocía desde hace muuucho, cuando yo era muy pequeño y él hacía papelillos de caradura-simpaticote en chorradas tan intrascendentes (y por otro lado tan míticas) como "El pelotón chiflado" o "Los Cazafantasmas". Y por entonces me caía bien, pero sin más. Luego le perdí la pista durante bastantes años, hasta "Atrapado en el tiempo", y ya entonces pensé que, vaya, qué bien le iba sentando a este hombre la madurez. Pero ya les digo, sin más. Pero es que hace relativamente poco que le ha dado por rodearse de buenas compañías como las de Wes Anderson, Sofia Coppola o Jim Jarmusch y oigan, que desde entonces lo mío es un no descansar. Pero si hasta me pareció el colmo de la elegancia cuando aparecía en "Flores rotas" en chándal y con zapatos, lo mío es ya grave.
Algún lector despistado en este momento dirá aquéllo de "pero hombre, no conviene que se confunda usted. Vale que sus sentimientos sean fuertes, pero eso es una simple admiración sin más y...". ¡No! ¡Cállese! ¡Cállese, he dicho! Esto es AMOR, y del más puro y bueno. Si no, ¿cómo se explican ustedes que, cada vez que en "Lost In Translation" aparecieran juntos en pantalla Scarlett Johansson (ñam ñam) y Bill, mi Bill, yo sólo tuviera ojos para él? Mis lectores masculinos me comprenden: esto es una prueba concluyente. No se apartan los ojos de semejante jamonez -¡Scarlett! ¡So tersa!- así como así.
Lo dicho: es definitivo. Estoy enamorado de Bill Murray. ¡Que hasta el viento lo sepa!
...Y todo esto viene porque el otro día vimos "The Darjeeling Limited" y me llevé la agradabilísima sorpresa de que la peli se abre con un mini-papelito del Sr. Murray que no debe llegar a durar ni dos minutos y que, créanme, vale no sólo por todo un largometraje, sino por varias carteleras completas. Este hombre ha llegado a la altura de los grandes mitos, y predigo que en el futuro se le colocará en el mismo Olimpo que, por ejemplo, a Buster Keaton.
Hablando de lo cual, aprovecho para lanzar un desafío a Wes Anderson, director del filme y querido por tantos -entre ellos yo- por sus sabrosas bizarrerías ("Academia Rushmore", "Los Tannenbaum", "The Life Aquatic"): Sr. Anderson, ¿a que no se atreve usted a hacer para la próxima un largometraje MUDO con Bill Murray como protagonista absoluto? Va, venga. Venga, listo. ¿A que no se atreve? No hay huevos. (A ver si es de los que responde a la provocación y yo salgo ganando.)
Y por último, cierro este post con una aclaración: todo lo de arriba es en sentido figurado, ¿eh?, no se vayan a pensar. Que yo soy más macho que nadie y a mí lo que me gustan son las señoras en general, y mi señora mucho más en particular. Que Bonnie no hay más que una y a mí me encontró en la calle.
Pues eso, ea.
Estoy enamorado de un hombre. Que sí, de verdad. De un hombre. Y de un hombre mucho mayor que yo, para más escándalo. Encima, él es extranjero. Mira que hay hombres en el mundo, ¿eh? Pues yo me tuve que enamorar de un yanqui. Y claro, drama tocan: ¿ustedes creen que así se puede? ¿Él allí, al otro lado del Atlántico, y yo aquí? Bueno, da igual, incluso aunque viviéramos puerta con puerta, no creo que él se apercibiera de mi existencia, siendo como es una gran estrella de cine y yo un simple... un simple... vamos, que a veces en mi casa se han olvidado de mi cumpleaños, para que se hagan una idea de mi insignificancia. Y a alguien como yo se le ocurre encapricharse de todo un coloso del séptimo arte, pero es que es tan guapo... tan majo... tan talentoso... ¡Bill! ¿Me oyes? ¡Bill! ¡Te amo!
(Sí, se llama Bill. Bill Murray. Y hombre, no se hagan ahora los sorprendidos, en plan "¡Oh!", que ya se lo tenía dicho desde el título. Qué afición, por Dios santo. Ni las cabeceras me leen.)
La cosa es que ya le conocía desde hace muuucho, cuando yo era muy pequeño y él hacía papelillos de caradura-simpaticote en chorradas tan intrascendentes (y por otro lado tan míticas) como "El pelotón chiflado" o "Los Cazafantasmas". Y por entonces me caía bien, pero sin más. Luego le perdí la pista durante bastantes años, hasta "Atrapado en el tiempo", y ya entonces pensé que, vaya, qué bien le iba sentando a este hombre la madurez. Pero ya les digo, sin más. Pero es que hace relativamente poco que le ha dado por rodearse de buenas compañías como las de Wes Anderson, Sofia Coppola o Jim Jarmusch y oigan, que desde entonces lo mío es un no descansar. Pero si hasta me pareció el colmo de la elegancia cuando aparecía en "Flores rotas" en chándal y con zapatos, lo mío es ya grave.
Algún lector despistado en este momento dirá aquéllo de "pero hombre, no conviene que se confunda usted. Vale que sus sentimientos sean fuertes, pero eso es una simple admiración sin más y...". ¡No! ¡Cállese! ¡Cállese, he dicho! Esto es AMOR, y del más puro y bueno. Si no, ¿cómo se explican ustedes que, cada vez que en "Lost In Translation" aparecieran juntos en pantalla Scarlett Johansson (ñam ñam) y Bill, mi Bill, yo sólo tuviera ojos para él? Mis lectores masculinos me comprenden: esto es una prueba concluyente. No se apartan los ojos de semejante jamonez -¡Scarlett! ¡So tersa!- así como así.
Lo dicho: es definitivo. Estoy enamorado de Bill Murray. ¡Que hasta el viento lo sepa!
...Y todo esto viene porque el otro día vimos "The Darjeeling Limited" y me llevé la agradabilísima sorpresa de que la peli se abre con un mini-papelito del Sr. Murray que no debe llegar a durar ni dos minutos y que, créanme, vale no sólo por todo un largometraje, sino por varias carteleras completas. Este hombre ha llegado a la altura de los grandes mitos, y predigo que en el futuro se le colocará en el mismo Olimpo que, por ejemplo, a Buster Keaton.
Hablando de lo cual, aprovecho para lanzar un desafío a Wes Anderson, director del filme y querido por tantos -entre ellos yo- por sus sabrosas bizarrerías ("Academia Rushmore", "Los Tannenbaum", "The Life Aquatic"): Sr. Anderson, ¿a que no se atreve usted a hacer para la próxima un largometraje MUDO con Bill Murray como protagonista absoluto? Va, venga. Venga, listo. ¿A que no se atreve? No hay huevos. (A ver si es de los que responde a la provocación y yo salgo ganando.)
Y por último, cierro este post con una aclaración: todo lo de arriba es en sentido figurado, ¿eh?, no se vayan a pensar. Que yo soy más macho que nadie y a mí lo que me gustan son las señoras en general, y mi señora mucho más en particular. Que Bonnie no hay más que una y a mí me encontró en la calle.
Pues eso, ea.
domingo, 16 de marzo de 2008
Mal y tetas
El otro día, visionando el trailer de un filme de próximo estreno -y que por otra parte no pienso ir a ver ni jarto de grifa- tuve una revelación, a raíz de la cual me surgió una duda, que planteo aquí públicamente con la esperanza de que alguno de ustedes, mis sabios lectores, sepan solucionármela, a saber: ¿por qué en tantas películas -no en todas, ni mucho menos, pero sí en tantas y tantas- los malos se reúnen siempre en locales de strip-tease? ¿Es que acaso hay algo en esos garitos que propicie la aparición de pensamientos delictivos y acciones fuera de la ley? Si alguna vez acudo a alguno de esos establecimientos, ¿sentiré la irrefrenable necesidad de hacer el mal? Y aún en caso contrario, si en alguna ocasión el hado o las compañías poco recomendables me conducen hasta el Ba-Ta-Clan, el Bada-Bing o algún otro lugar de nombre y contenido en pechugamen similares, ¿deberé inmediatamente asumir que ese señor que se encuentra a mi lado en la barra alberga deseos de atentar contra mi propiedad, mi integridad física o mi vida?
Y es que siempre pasa igual: a los buenazos nos toca conformarnos con ver los toros desde la barrera... (dijo él, mientras con la mirada buscaba el ejemplar de Agosto de 1982 en su colección de Playboy. Fundido en negro.)
Y es que siempre pasa igual: a los buenazos nos toca conformarnos con ver los toros desde la barrera... (dijo él, mientras con la mirada buscaba el ejemplar de Agosto de 1982 en su colección de Playboy. Fundido en negro.)
sábado, 8 de marzo de 2008
Victoria Esperanza De Todos Los Ángeles Y Santos Y De Las Altas Cimas Irradiantes Cual Luceros Vespertinos
Bueeeno, bueeeno, bueeeno, amiguitos/as, parece ser que esto de la política es como cierta conocida marca de patatas (sic) fritas, de las que se afirma que "cuando haces `pop´, ya no hay `stop´". Y no lo decimos (sólo) por nosotros -sí, ya saben, varios meses publicando y esforzándonos en mantener este blog alejado de los pringosos lodos de esta-cosa-llamada-democracia, y ahora, de golpe y porrazo, ¡dos! posts seguidos sobre la Gran-Fiesta-Popular-de-la-ídem, y es que nobody´s perfect-; sino también y fundamentalmente por el Sr. Rajoy, quien no contento con insistir en su patochada de "la niña" en el segundo debate electoral del que ya hablamos en nuestro post anterior, parece ser que la ha convertido en uno de los ejes retóricos de su final de campaña. Hasta tal punto, que le ha puesto nombre: ahora resulta que "la niña" se llama Victoria Esperanza. Nada menos. Les juro que antes de enterarme por medios de comunicación más serios (sic), la noticia me había llegado a través de un amigo, y no me lo creí. Pensé que el coleguita se estaba quedando conmigo, hasta tal punto me parecía impensable que nadie, y mucho menos un señor que aspira a conseguir la Presidencia del Gobierno de España, pudiera caer en semejante memez. Pero como siempre, la realidad supera con creces a la ficción, y resulta que, ohDiosmío, era cierto.
Pues nada, hace bueno, ¿eh? Sí, el tiempo está loco, pero qué solete más rico. Si es que ya no hay estaciones, con esto del calentamiento global... ¿Qué? ¿Cómo? No, si ya sé que esto no tiene nada que ver con lo que hablábamos antes, pero es que ¿qué quieren que les diga? ¿Es necesario añadir algún comentario más? Bueno, pero que conste que lo hago por ustedes, ¿eh? Allá vamos: ¡Sr. Rajoy! ¿Anda usted por ahí? Mire, que quería yo decirle lo siguiente: no sé si usted sigue o no este blog, que me parece que será que no, pero en todo caso, el otro día le regalé a su temible adversario -y según se desprende de las declaraciones de usted y de sus más destacados secuac... digooo, compinch... digooo, esbirr... digooo, compañeros, encarnación del Anticristo-, el señor ZP, unas cuantas sugerencias para mejorar su desafortunado "Buenas noches y buena suerte". Y ¿cómo no voy a hacer al menos otro tanto con usted, cuando las sugerencias nos salen así, gratis? Pues nada, que había yo pensado que no está mal que haya usted dado en bautizar a su "niña" como Victoria Esperanza, pero luego he reflexionado y me he dicho que no está bien que Victorita-Esperanzuca (en diminutivo porque ya es como si fuera de la familia) vaya por ahí sin apellidos, que la gente, sobre todo la gente "normal", es muy mal pensada, y se van a pensar que la niña es una bastarda. No, entiéndame, que no es que "la niña" tenga tendencias cabronzuelas, sino que sin apellidos pues parece que no tiene padres, y hasta ahí podíamos llegar: que aunque sólo sea una idea, alguien la habrá parido, digo yo, y ya sabemos que ustedes además son muy de defender el concepto ese de la "autoría intelectual" de las cosas. Así que le voy a regalar unos apellidos para la niña, que a partir de ahora propongo que pase a llamarse Victoria Esperanza De Todos Los Ángeles Y Santos Y De Las Altas Cimas Irradiantes Cual Luceros Vespertinos. De nada, don Mariano. A mandar.
Y a todos ustedes, queridérrimos (sic) lectores, en esta jornada de reflexión, les insto a lo siguiente: no voten al Sr. Rajoy. Pero ya no por razones políticas, ¿eh?, que eso a nosotros tralarí-tralarí, sino, pura y simplemente, estéticas. ¿Pensaban ustedes votar al PP? Pues no les pido que voten otra cosa: tan sólo absténganse, y si les remuerde luego la conciencia, piensen que se lo tienen bien merecido. Por cursis.
Pues nada, hace bueno, ¿eh? Sí, el tiempo está loco, pero qué solete más rico. Si es que ya no hay estaciones, con esto del calentamiento global... ¿Qué? ¿Cómo? No, si ya sé que esto no tiene nada que ver con lo que hablábamos antes, pero es que ¿qué quieren que les diga? ¿Es necesario añadir algún comentario más? Bueno, pero que conste que lo hago por ustedes, ¿eh? Allá vamos: ¡Sr. Rajoy! ¿Anda usted por ahí? Mire, que quería yo decirle lo siguiente: no sé si usted sigue o no este blog, que me parece que será que no, pero en todo caso, el otro día le regalé a su temible adversario -y según se desprende de las declaraciones de usted y de sus más destacados secuac... digooo, compinch... digooo, esbirr... digooo, compañeros, encarnación del Anticristo-, el señor ZP, unas cuantas sugerencias para mejorar su desafortunado "Buenas noches y buena suerte". Y ¿cómo no voy a hacer al menos otro tanto con usted, cuando las sugerencias nos salen así, gratis? Pues nada, que había yo pensado que no está mal que haya usted dado en bautizar a su "niña" como Victoria Esperanza, pero luego he reflexionado y me he dicho que no está bien que Victorita-Esperanzuca (en diminutivo porque ya es como si fuera de la familia) vaya por ahí sin apellidos, que la gente, sobre todo la gente "normal", es muy mal pensada, y se van a pensar que la niña es una bastarda. No, entiéndame, que no es que "la niña" tenga tendencias cabronzuelas, sino que sin apellidos pues parece que no tiene padres, y hasta ahí podíamos llegar: que aunque sólo sea una idea, alguien la habrá parido, digo yo, y ya sabemos que ustedes además son muy de defender el concepto ese de la "autoría intelectual" de las cosas. Así que le voy a regalar unos apellidos para la niña, que a partir de ahora propongo que pase a llamarse Victoria Esperanza De Todos Los Ángeles Y Santos Y De Las Altas Cimas Irradiantes Cual Luceros Vespertinos. De nada, don Mariano. A mandar.
Y a todos ustedes, queridérrimos (sic) lectores, en esta jornada de reflexión, les insto a lo siguiente: no voten al Sr. Rajoy. Pero ya no por razones políticas, ¿eh?, que eso a nosotros tralarí-tralarí, sino, pura y simplemente, estéticas. ¿Pensaban ustedes votar al PP? Pues no les pido que voten otra cosa: tan sólo absténganse, y si les remuerde luego la conciencia, piensen que se lo tienen bien merecido. Por cursis.
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