viernes, 21 de septiembre de 2007

Pavo frío

O cold turkey, como ustedes prefieran. Así se denomina en slang anglosajón al "mono" o síndrome de abstinencia que se experimenta al intentar abandonar una adicción a cualquier narcótico o tóxico. Y en esas estamos, amigos: pronto hará dos meses que su humilde escriba no fuma, y oigan, hay que ver lo mal que se pasa. De verdad. Lo cual me lleva a dos reflexiones distintas:

1) Nunca jamás me volveré a tomar las adicciones ajenas a la ligera, ni aunque las vea en una película (escojan ustedes, y las hay buenas, ¿eh?: "El hombre del brazo de oro", "Días de vino y rosas", "Drugstore cowboy"... El tema del yonqui da para mucho). Lo juro. Quiero decir: si se trata sólo de dejar de fumar y se sufre tanto, ¿qué será de los que tienen que vencer un hábito de coca, caballo o alcohol? Se me erizan los vellos sólo de pensarlo.

2) No puedo ni podré nunca entender a quienes superan su adicción y luego recaen. Después de haber sufrido tanto, ¿hay quien pueda tener ganas de pasar por lo mismo una segunda vez? Keith Richards, oye mis palabras: eres el hombre más masoquista del mundo.

Vale.

1 comentario:

Amparo dijo...

Es un nombre injusto. Ni que el pavo frío estuviera tan malo!! Al menos no parece nada despreciable a las 2 de la tarde. ÑAM!