lunes, 17 de diciembre de 2007

Capítulo 1

Empezar, sí. Pero por dónde. Tú empieza, dijo ella, y verás cómo la historia sale sola. La historia, quizá eso sea mucho pedir. ¿Hay una historia? El lápiz araña el papel, y a partir de ese momento se supone que mágicamente surgirán un planteamiento, un nudo y un desenlace; un principio y un final. Un principio: no es mala forma de comenzar. Empecemos por el principio, pues. Blanco y católico, treinta y pocos años, calvo y con gafas, español con una barriga ya más que incipiente que viene a estropear su por otra parte bastante tremenda delgadez. Esta es la descripción de nuestro personaje, que luego ya veremos si es principal o no. El personaje, digo. Y sí, estamos de acuerdo en que esto no constituye un "principio" propiamente dicho, por cuanto no relata ninguna acción, ni siquiera sitúa a dicho personaje -a quien de momento no llamaremos de ninguna manera- en escenario alguno. No hay cuadro aún, no hay trama, sólo un hombre aún no sabemos si imaginario al que aparte de los pocos rasgos ya mencionados deberemos por lo demás suponer dotado de cualidades o atributos normales: dos brazos aptos para el trabajo, dos piernas aptas para la locomoción, sangre caliente, un número indeterminado de órganos en más o menos correcto estado hasta donde sabemos y un alma, oh alma. ¿Y por qué suponer todo esto?, quizá te preguntes, lector. Pues porque en caso de faltarle alguno de estos rasgos es de suponer -hasta ahora hablamos siempre de suposiciones, nunca de certezas, igualito igualito que en la vida misma- que el autor, quien escribe estas líneas, lo hubiera hecho notar. O no, quién sabe. En efecto, podría resultar que para el personaje en cuestión fuese más definitoria su carencia de cabello que la falta de sus brazos, y por eso simplemente ni se ha mencionado. Pero de momento no lo sabemos. De hecho, nuestro personaje carece aún de tantas cosas que por no tener no tiene ni nombre. Aún.

1 comentario:

María dijo...

Qué alegría, textos nuevos.
Esperando capítulos del calvo con gafas, me hallo.
Un besito!