sábado, 22 de agosto de 2009

Matrimoniadas

Un tipo va a un chiringuito de la playa y vuelve con dos helados, uno de fresa y uno de chocolate. A él le da igual un sabor que otro, pero sabe que a su mujer no le hace mucha gracia la fresa, así que al llegar a las toallas le da a su mujer el helado de chocolate. Los dos se besan, se comen el helado, se quieren y son felices.

Un par de horas más tarde ella se va también al chiringuito y vuelve con dos bebidas, una Mirinda y un Bitter Kas. A ella le da igual una que otro, pero sabe que su marido no soporta el bitter, así que al llegar a las toallas le ofrece a su marido el Bitter Kas, para ver qué dice, y si pone algún problema ya veremos, porque si él la quiere de verdad se sacrificará y se tomará el dichoso bitter sin rechistar. Por eso ella se sorprende, y se lo toma muy a mal, cuando él protesta y le dice que joder, ni que lo hicieras aposta, y hasta ahora me he callado, pero es que es el cuarto bitter que me traes esta semana, mujer -estamos a miércoles-. A pesar de todo él acaba cogiendo la botella y, aunque enfurruñado, bebe. No obstante, el daño ya está hecho: ella se sienta en su toalla entristecida, pensando que él no la ama lo bastante.

MORALEJA: mujeres del mundo, no pongáis a prueba a vuestros maridos continua y estérilmente. Y no cometáis el error de confundir el amor -incluso el GRAN amor- con el sufrimento, el sacrificio o hasta el pequeño emputecimiento cotidiano. Tenedlo siempre presente -oh maravillas y contradicciones de la condición humana-: alguien que gustosamente mataría o se dejaría matar por vosotras puede, sin embargo, no estar dispuesto a beber Bitter Kas cada día.

1 comentario:

Ignacio dijo...

Genial Albert. Eres un crack, ... que verdad más grande.