domingo, 20 de abril de 2008

Admiración: Drew Struzan

Desde siempre he sido ultra-fan de un cierto tipo de cartelería cinematográfica norteamericana de los años 80: esa anterior al Photoshop, y ajena incluso a la fotografía, en la que los artistas, a golpe de acuarela y/o aerógrafo, conseguían resultados hiperrealistas en los que, sin embargo, se mejoraba el aspecto de la propia realidad. Así, los rostros de los actores que aparecían en aquéllas películas se nos aparecían no como los de seres humanos normales y corrientes, sino como los de auténticos héroes que lograban hacernos soñar por una hora y media que sus peripecias eran posibles en otro mundo tan real como este mismo, pero mucho mejor. Eran carteles que despertaban en uno el deseo irrefrenable de ver la película que promocionaban, porque prometían aventuras que uno no podía ni imaginar, efectos especiales nunca vistos, universos fantásticos, escalofríos que recorrían el cuerpo, emociones sin fin, thrills & chills. Eran carteles que te hacían soñar con la película e imaginar cómo iba a ser incluso mucho antes de verla. Eran carteles que por sí mismos contaban una historia. Y encima, lo mejor de todo es que cuando uno POR FIN veía la peli, luego resultaba que aquéllos carteles habían sido completamente fieles al espíritu del filme (aunque en ocasiones resultaba que el cartel era mucho mejor que la peli en sí). Sí, hombre, ya saben a qué tipo de carteles me refiero: piensen en los afiches clásicos de “Regreso al futuro” o “Blade Runner”, o en los de las sagas de “Star Wars” e “Indiana Jones”. Uno se quita el sombrero ante aquéllos artistas que creaban tamañas obras de arte en formato A1 para alucine del gran público.

Bueno, pues como tuvo que oír Pedro Navaja en el momento de su agonía, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida: resulta que el otro día me he enterado por pura casualidad de que todos aquéllos carteles, cuya autoría yo atribuía a una cierta “escuela” de artistas o diseñadores gráficos que vendían su talento a los estudios de Hollywood, salieron, TODOS ellos, de una sola mano: la de un señor llamado Drew Struzan, que de inmediato adquiere a nuestros ojos la talla de un coloso. Si quieren refrescarse la memoria, aquí podrán encontrar unos cuantos (pocos, ay) de sus trabajos:

www.drewstruzan.com/portfolio/

Y después de haberlos contemplado y haber vuelto a sus infancias durante un rato, únanse conmigo en un hermoso acto de agradecimiento colectivo al señor Struzan por las horas de solaz que su arte nos ha procurado en nuestras vidas y repitan: te queremos, Drew. Eres muy grande.

2 comentarios:

Margouillat dijo...

El enlace no funciona porque le falta una t al portfolio. Dejo aquí la dirección correcta por si alguien quiere echarle un ojo. Es brutal ciertamente!!!, ole señor Drew.

http://www.drewstruzan.com/portfolio/

El Hombre Sentimental dijo...

Gracias por el aviso a los navegantes, Crispis. Ya he hecho la oportuna corrección. Si es que uno se distrae y...