domingo, 8 de julio de 2007

Los ejes de mi carreta: homenaje a El Martín Pecador

Nos congratula, mis muy estimados lectores de esto, darles una buena noticia en forma de inauguración reciente, y es que hace muy pocos días que nuestro gran amigo El Martín Pecador ha abierto un nuevo, y estupendo, blog: búsquenlo en http://www.elmartinpecador.blogspot.com/.

¿Ya le han echado un vistazo? En ese caso quizá se hayan fijado en que el amigo Martín ha tenido el detallazo de hacernos un homenaje en un reciente post titulado "El Hombre Sentimental baila boogaloo", en el que nos colma de muy placenteros y sin duda inmerecidos elogios, y por eso queremos devolverle los halagos recomendándoles la lectura de su blog. Por eso y porque, además, el amigo Martín y yo compartimos muchas cosas, y cuando digo "cosas" no me refiero sólo a gustos (musicales, literarios, cubatísticos), sino a una cierta actitud vital que, sospecho, nos lleva en ocasiones -en más de las que nos gustaría- a pensar que no estamos del todo en el lugar que queríamos ocupar cuando éramos (más) jóvenes y queríamos comernos el mundo (o dicho de otro modo, ¿qué hago yo con traje y corbata de lunes a viernes?), pero que, en definitiva, esto es lo que hay y más nos vale sacar provecho de todas las buenas ocasiones que para ello se nos presenten.

Esto se ve muy bien en otro post un pelín más antiguo, titulado "Si consideramos" (http://elmartinpecador.blogspot.com/2007/07/si-consideramos-reflexin-de-bukowski.html), en el que glosando un poema de nuestro muy admirado Bukowski, el señor Pecador dice: "La vida gira sobre un eje podrido", para luego concluir que a pesar de ello hay tantas y tantas buenas razones para disfrutarla. Y como homenaje a ambos (a Bukowski y a El Martín Pecador), yo quisiera completar la metáfora a mi manera. Y es que yo diría, siguiendo un símil parecido, que la vida es una carreta, y que son sus ejes, los que dan movimiento a esa carreta, los que están podridos. Ahora bien, esto no es lo importante: lo importante es que la carreta sigue andando, y en ese camino podemos encontrar tantos instantes hermosos que sería una pena desaprovechar el viaje lamentándonos constantemente por cómo chirrían los putos ejes. Eso sin contar además con una de las mejores reglas del juego, que consiste en que en esa carreta tú tienes un amplio margen de libertad para decidir cuál es la carga que quieres llevar, cuáles son los lastres que en un momento dado te permites arrojar a la cuneta para evitar pesos indeseados, a quién invitas como compañeros de trayecto y qué cosas quieres portar contigo para hacerte el viaje más ameno. Yo, por mi parte, siempre llevo una copia de "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger y otra del "Forever Changes" de Love, aunque a veces las he regalado a algún compañero de viaje especialmente amado y después he tenido que comprarme otra en la siguiente parada.

En definitiva, menos lloriquear y más estarse al sopesquete. Como dijo el señor Leonard Cohen, "there are heroes in the seaweed", y esos héroes anónimos de los que está el mundo lleno puede que no sean otros que los que saben encontrar las perlas entre la comida de los cerdos, los diamantes entre la basura. Y si esto es así, nuestro amigo El Martín Pecador es un auténtico superhéroe patrio.

Vale (y disculpen que me haya puesto un poco hippy y tal).

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